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Encarnación del Alma
Visión del alma como esfera solar de luz que sostiene infinitas vidas simultáneas mediante hilos dorados, y del karma planetario como registro akáshico que habilita o deshabilita líneas de tiempo.
Dos guías me dicen: “Te mostraremos algo, presta plena atención a lo que verás y no dudes de nada…” Surge en mi mente una imagen vívida de un océano infinito, y eterno, sin límites, sin tiempo y sin espacio. Ondas como olas ondulantes que reflejan tenues espasmos de luces azulinos, turquesas, doradas y violetas, similar a un océano de plasma bioluminiscente. De repente ese infinito se “aleja” y se va transformando en una esfera donde las olas eran su superficie, similar a un Sol de tamaño inconmensurable en el universo. Ese Sol, es una esfera, una esfera blanca incandescente, iridiscente, prístina y angelical. Es una sensación de pureza sublime lo que siento. Esfera que flota ahora sobre un vasto océano nuevamente ondulante como el anterior, es un bucle, la imagen tiende a repetirse sin fin.
Es un infinito akasha, solo océanos vibrantes y esferas de luz. Esa esfera, ese Sol blanco que emite pulsos de colores iridiscentes como un arcoiris, es un alma. De modo similar a los rayos del Sol, la esfera emite vibraciones que están en resonancia con infinitas vidas simultáneamente. Cada uno de esos tejidos, de esas cuerdas, de esos rayos, es un puente de comunicación energética entre cada una de las diferentes y simultáneas vidas que esa esfera está sosteniendo. La blanca esfera plasmática incandescente, el alma, vibrante y geométrica, se nutre y nutre de forma sinérgica con cada una de las encarnaciones que está experimentando en los distintos universos, galaxias, planetas y dimensiones. Es una gran fuente de vida, un alma de muchas almas. Un alma que se repite y se replica de forma infinita, en un vasto infinito de océano oscuro, negro, similar al alquitrán, brilla tal petróleo ante la luz, desde donde la esfera surge, estando a su vez, paradojicamente, siempre en el océano. Es una ilusión, una holografía, algo incomprensible a nuestra razón. Aquella burbuja de luz, en el agua de la eternidad, une cada una de las infinitas formas de la sagrada manifestación que es el eterno misterio, el gran espíritu. Cada uno de esos prácticamente inmortales e infinitos hilos de manifestación que surgen de la esfera, llega hasta una vida que está encarnada. Antes de llegar directamente ese hilo dorado a la “persona encarnada”, existe otra esfera de menor tamaño, que parece ser la custodia de las vidas en el planeta donde la persona está viva. Similar a un espermio llegando a su óvulo. Surge entonces una secuencia de encarnaciones en ese planeta. Un plan kármico para esa vida planetaria.
Me muestran ahora nuestro planeta y se escucha de forma resonante y vibrante: “HUUUUUUMMMMM” similar a un “OM” que ondula en otros tonos entre más agudos y más graves. Ese “HUM” me recuerda a mis ancestros. Un sonido similar al de un cuenco tibetano: nuestro hogar. Los seres azulinos que me guían desde fuera de la tierra, delgados y altos, me muestran la reversibilidad del tiempo en la tierra, tal episodio de Cosmos llevándome hasta el pasado de la tierra, HUM. "Este ha sido tu hogar desde entonces” me dicen. “Aquí al igual que muchos, eres un alma vieja, sin embargo, y al igual que todos, tú también eres eterno…” “No temas…” me dicen, porque mi corazón salta palpitante de emoción. “No temas, que el vivir en el amor es más simple de lo que parece. La clave del recordar está en soltar la razón, vivir desde el corazón y al igual que tus maestros ya te lo han mencionado, vivir desde la paz es la fuente de toda salud en la tierra”.
Ahora me muestran imágenes de la evolución, hasta ver cómo ya comienzan a generarse las tribus, los pueblos, las ciudades y las civilizaciones. Veo ahora una casa desde el cielo, con una familia en su interior y me dicen: “allí es donde llegan hoy”. Me muestran cómo, al igual que el hilo dorado que sale desde la esfera blanca que representa el alma llegando a la tierra, ahora desde la esfera que queda estacionada fuera de la tierra, se guarda toda la memoria de todas las encarnaciones del planeta y que cada planeta, tiene una esfera que custodia todas las vidas que esa alma está experimentado. “El misterio…”, me dice, “es que somos todos, una sola gran alma fractal. No hay división alguna hermano.” Me indican que mencione que todas las encarnaciones del alma están sucediendo de forma simultánea, en todos los tiempos y galaxias, en el pasado, presente y futuro. El cuarto tiempo es la simultaneidad del alma. Las vidas, retroalimentan el gran alma universal que compone a todas las manifestaciones de la vida, siendo una sola dimensión el universo físico de todas las infinitas dimensiones que hay.
Todo lo que ha pasado en las vidas del planeta tierra genera un karma residual. Un karma fruto de las causas y efectos vividos en todo el planeta. Es el registro akáshico del alma del planeta. Ese karma genera una proyección vibratoria, suma de lo bueno y lo malo que en libre albedrío ha surgido desde la humanidad. La suma de todas sus acciones determina un pulso vibratorio, un sello galáctico, el cual determina por vibración, su destino kármico. Un destino que habilita o deshabilita líneas de tiempo potenciales en su planeta.
”Ahora…”, me dicen, “Vuelve a despertar al sueño que es tu vida.”
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